El lenguaje… ¿Igual para todos?
Como apenas tenemos dinero, he decidido ayudarles a llevar comida a
casa. Por ello, cada día en el recreo de mi cole, cojo de las papeleras los
restos de desayuno que mis compañeros no se han terminado. Sin embargo, hoy mi
seño me ha regañado y castigado por hacerlo, quitándome todos los trozos de pan
o restos de dulces que había recopilado.
Mi seño me ha dicho que no puedo rebuscar en la basura, que eso lo hace
la gente pobre, quienes se comen la basura de los demás.
Ahora me siento muy triste porque mi familia no es gente pobre, ni
comemos basura. Nosotros comemos comida como los demás.
Cuando
ésta es más que evidente sólo podemos enfrentarnos a ella. Conocer la situación
real del alumnado debe ser el primer paso para poder comprender sus
comportamientos y actitudes, así como realizar un ejercicio de empatía y
sensibilización, estrictamente necesario, por parte del docente.
Por
otra parte, ser conscientes de las circunstancias por las que atraviesan
nuestros alumnos y alumnas no lo es todo. La acción debe ser el segundo paso, a
través de la aceptación de los problemas que existen en la sociedad y la
búsqueda de soluciones dentro de los centros educativos para evitar la
exclusión y el rechazo hacia estos colectivos.
El
lenguaje es una de las herramientas más poderosas, aun así ¿le damos la
importancia que éste merece? Cuidar la selección de palabras a la hora de
expresarnos, no es sólo un acto de buena educación y formalidad, sino, además,
una muestra de concienciación, por parte del emisor, sobre la fuerte influencia
que el lenguaje ejerce sobre los demás.

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